Ir al contenido principal

LA FATIGA EN EL PACIENTE CON CÁNCER

El cáncer sigue siendo una de las enfermedades más temidas, a pesar de que muchos casos se pueden tratar y los avances son constantes. Pese a que la tasa de recuperación es cada vez más elevada, es un contratiempo que amenaza los planes vitales de la persona a la que se le diagnostica, por lo que supone un fuerte impacto a nivel psicológico y emocional.

Más allá de las implicaciones emocionales que suponen los primeros momentos tras el diagnóstico, una vez se da comienzo al tratamiento oncológico y con independencia del tipo de cáncer de que se trate, empiezan a aparecer una serie de alteraciones. Entre las más frecuentes nos encontramos con la fatiga. Esta se define por el paciente oncológico, como un sentimiento de cansancio y sensación de malestar fuera de lo normal en relación con la actividad que se realiza. Una de las características por definición de este problema es que no se alivia con el descanso o el sueño.

Este cansancio, debilidad y agotamiento puede aparecer en los pacientes durante el tiempo que el tratamiento esté activo e incluso prolongarse durante meses después de haberlo finalizado. Durante el periodo de tratamiento, el dolor, la disnea, el insomnio, las naúseas, los vómitos y la presencia de pensamientos intrusivos son factores que propician la aparición de la sensación de fatiga de la que hablamos. Para algunos puede ser levemente molesto, pero para otros la experiencia puede ser abrumadora. Cualquier enfermedad incide en la calidad de vida del enfermo, de modo que el control de síntomas es sumamente importante para reducir el impacto negativo de la enfermedad.

Algunos de los consejos para disminuir la fatiga, en lo que hábitos de vida se refiere:

  1. Elaborar una lista de actividades que se desea realizar, estableciendo prioridades.
  2. Solicitar ayuda, comparta o delegue tareas en familiares o amigos.
  3. Intentar mantener una estructura o rutina diaria.
  4. Llevar una dieta equilibrada.
  5. Mantener un equilibrio diario entre actividad física y descanso. Por paradójico que parezca, el ejercicio físico de intensidad moderada y que incluya ejercicios de resistencia tiene efectos positivos sobre la fatiga.

Por su parte el psicólogo puede ayudarle a través de un conjunto de técnicas encaminadas a identificar y modificar las cogniciones desadaptativas, creencias, atribuciones o interpretaciones que pueden estar obstaculizando un afrontamiento óptimo de la situación (lo que se conoce como reestructuración cognitiva). Pese a las circunstancias adversas no podemos olvidar el importante papel que juega nuestra mente en ellas, vivimos en consonancia a como interpretamos y juzgamos lo que nos rodea. Además podrá enseñarle técnicas de relajación, o la práctica del mindfulness (atención plena), útiles para el manejo del dolor, los síntomas de ansiedad y estrés y las posibles alteraciones del sueño que puedan aparecer.

Como seres humanos, somos fuertes, capaces de resistir y rehacernos ante la adversidad. Los estudios lo revelan y los médicos, enfermeros, psicólogos y demás personal sanitario somos testigos de cómo el optimismo, el autocontrol y la habilidad para encontrar significado a las experiencias vividas promueven una evolución más favorable de la enfermedad.

No se nos enseña de niños a afrontar situaciones tan complejas como las que a veces la vida nos presenta. No es cuestión de todo o nada, no es cuestión de que unos sean capaces y otros no, pues en realidad todos podemos “desaprender” patrones de pensamiento y comportamiento que no nos ayudan y aprender otros más adaptativos. Nunca es tarde si la dicha es buena, sírvete de las herramientas que la ciencia te ofrece para armarte ante a lo que ahora has de hacer frente.

Autor: María Rodríguez Barceló

cancer, dolor, fatiga, insomnio, mindfulness, relajación, terapia


María Rodríguez Barcelo

Graduada en Psicología por la Universidad de Murcia, con Máster en Terapia Sistémica de Familia y de Pareja y Máster de Psicología General Sanitaria, ambos por la Universidad Complutense de Madrid. Cuento con un amplio abanico formativo en terapia sistémica, cognitivo-conductual y técnicas de tercera generación que me permiten adaptarme a las necesidades específicas de cada persona o grupo.