Ir al contenido principal

ALIMENTACIÓN Y BIENESTAR GENERAL

Actualmente, se registra un aumento de trastornos depresivos, de ansiedad y otros relacionados con el estrés. La ASEPP (Asociación Española de Psiquiatría Privada), lo atribuye entre otras causas al actual estilo de vida exigente y acelerado que conlleva la desatención de aspectos y hábitos de vida saludables.

El trabajo, los problemas con otros (familia, pareja, amigos…), las preocupaciones financieras o simplemente los contratiempos del día a día, como el retraso del tren o el tráfico, son fuente de estrés. El modo en que se maneje incidirá en el nivel de nerviosismo o ansiedad que experimente la persona, resulta útil dedicar tiempo a actividades que suponen disfrute o la práctica deportiva, sin embargo, hay respuestas no tan positivas al estrés como; consumo de alcohol, de tabaco, restricción alimentaria o por el contrario, la sobre ingesta de alimento.

La relación entre emociones y alimentación no es simple.

Por un lado, los estados emocionales y de ánimo pueden influir en la conducta alimentaria, del mismo modo que la alimentación puede modificar las emociones y estados de ánimo. Del repertorio emocional negativo, existe evidencia al menos de que la rabia, la tristeza y el miedo, alteran el comportamiento alimentario, pudiendo desinhibirlo (comiendo más de lo necesario y sin control) o limitarlo (con la sensación de pérdida de apetito).

Cada día son más los organismos y medios de comunicación que inciden en la importancia de adquirir hábitos de vida saludables para prevenir enfermedades físicas como la hipertensión, la diabetes o el cáncer, pero ¿qué hay más allá de estas dolencias físicas?, ¿Qué repercusión tiene la alimentación en la salud mental?. Para responder a estas preguntas, es oportuno explicar cómo funciona nuestro cerebro.

El cerebro es el órgano más grande de nuestro cuerpo y al igual que el corazón, el hígado o los demás órganos, depende de lo que comemos y bebemos y necesita por lo tanto de una alimentación adecuada.

El cerebro y el resto del sistema nervioso central están en gran parte constituidos por billones de células nerviosas llamadas neuronas. La comunicación entre las neuronas es lo que permite al cerebro trabajar, comunicación que se produce a través de los neurotransmisores. Estos últimos, se forman gracias a nutrientes, especialmente aminoácidos, los cuales determinan el crecimiento del cerebro y su actividad. Algunos tipos de aminoácidos son producidos por el cuerpo, pero existen otros llamados aminoácidos esenciales que solamente se obtienen a través de la alimentación.

Resulta cada vez mas evidente que existe una relación directa entre la calidad nutritiva de nuestros alimentos, el desarrollo de nuestro cerebro y nuestro bienestar general.

Una dieta rica en frutas y vegetales, granos enteros (trigo, avena, cebada, centeno, maíz, amaranto, arroz, entre otros), legumbres, frutos secos, semillas, carnes magras y aceite de pescado ayuda a mantener la salud de nuestro organismo, protegiéndonos de ciertas enfermedades. Hay estudios que apuntan que la adherencia a un patrón de dieta saludable, como la mediterránea y la actividad física, se relaciona con la estabilización de las alteraciones bioquímicas asociadas a la depresión y la ansiedad. De esta información se extrae que la falta de ciertos nutrientes en la alimentación, o una alimentación pobre, podría estar asociada con el desarrollo o severidad de ciertos problemas psicológicos. Tanto es así, que se ha encontrado relación entre algunos tipos de trastornos mentales y carencias nutricionales como:

  • Ácidos grasos poliinsaturados (que podemos encontrar en pescados y aceites vegetales).
  • Minerales como zinc, magnesio y hierro (que obtenemos de alimentos como carnes, frutas, verduras, huevos, frutos secos y cereales).
  • Vitaminas, como las del grupo B. Y vitaminas antioxidantes, como la C y la E.

Como se puede ver, son múltiples las variables a las que se atiende desde la psicología para preservar el bienestar emocional y psíquico de la persona, entre las que no hemos de descuidar la alimentación. La instauración de hábitos de vida saludables es una herramienta más con la que abordar algunos problemas psicológicos.

acidos grasos, actividad fisica, alimentacion, ansiedad, asepp, bienestar, comportamiento, cuerpo, depresion, desarrollo, dieta, emociones, habitos, vida, vitaminas


María Rodríguez Barcelo

Graduada en Psicología por la Universidad de Murcia, con Máster en Terapia Sistémica de Familia y de Pareja y Máster de Psicología General Sanitaria, ambos por la Universidad Complutense de Madrid. Cuento con un amplio abanico formativo en terapia sistémica, cognitivo-conductual y técnicas de tercera generación que me permiten adaptarme a las necesidades específicas de cada persona o grupo.